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miércoles, abril 18

Haikus

Haiku nº1

Árbol caído.

Hojas reverdeciendo

en la mañana.


Haiku nº2

Viento del norte.

Ramas balanceándose

junto al río.


Haiku nº3

El sol brilla

al despertar el día.

Aroma dulce.


Haiku nº4

En el camino

florecen girasoles.

La luna duerme.


Haiku nº5

La nieve sobre

las amapolas brilla

al amanecer.


Haiku nº6

El río nace

en el bosque de agua.

Cascada azul.

sábado, marzo 5

El gorrión que quería ser oso.

Érase una vez un gorrión que quería ser...

un oso polar.

Deseaba viajar hasta el círculo polar y allí saltar de cascote en cascote, navegar en ellos hasta tocar tierra firme y dejarse abrazar por sus nuevos amigos peludos.

Al llegar, se alzó sobre sus dos enormes patas, saltó con fuera e hizo temblar la tierra. Allí, rodeado de un inmenso manto blanco, sacó su fuerza, la nueva fuerza, por la garganta ¡rugió!. Su canto suave, agudo, se transformó en el sonido de un enorme oso polar.

Se zambulló en las heladas aguas del océano, sintió como el frío invadía todo su cuerpo; asomó el hocico por un pequeño agujero, saludo a los inocentes peces que vagaban por sus profundidades y... ¡zas! se zampó a unos cuantos de ellos.

Todo estaba ahí abajo, en la tierra, en el mar. Ya no tenía que alzar el vuelo para poder encontrarlo. Carecía de alas, ya no era un pájaro cantarín, inocente, ingenuo pájaro cantarín.

Pero un día se le acercó un desconocido pingüino y le susurró: “Nunca debiste mudarte lindo gorrión. Tu corazón no es el de un oso polar. Despójate de esta farragosa y pesada piel y alza el vuelo”.

El oso-¿gorrión?, el gorrión-¿oso?, se quedó pensativo. Instintivamente, quiso desplegar sus antiguas alas y... ¡no pudo!

Ya no las tenía. Ahora era un alma de gorrión atrapada en el cuerpo de un enorme oso polar.

sábado, junio 26

TELEGRAMA NO-URGENTE DE UN INCENDIO

HABITACIÓN DE CARTÓN ARDIENDO EN LLAMAS-STOP-GEMIDOS CONSUMIDOS EN LABIOS DE CENIZA-STOP-CASCADAS DE IMPACIENCIA BAJANDO POR LA ESPALDA-STOP-POR FAVOR, NO ACUDAN EN NUESTRO AUXILIO.

miércoles, enero 13

Re_tarareando

Do re mi fa sol la ¡sí!

Re_considerando mi postura impostada
ante tu supuesta indiferencia
me encontré...

Re_quiriéndome(te) una dosis más intensa
de miradas complices,
piel sobre piel,
deslizándose
hacia
un
abismo
desconocido.

Re_lamiéndome el salitre de mis cicatrices
y soltando amarras para dejarme volar
sin lastre ni fallidos simulacros.

Re_leyendo los garabatos de letra torcida
y trazando un pentagrama repleto de notas
que tararean tu nombre.

DO RE MI FA SOL LA SIIIIIII

Re_tirándome a una piscina rebosante
de cubitos de hielo que se deshacen de gusto
mientras buceo entre tus piernas.

Re_cogiendo mis piezas perdidas en el barro
y moldeando escaleras de emergencia
que se alzan hasta tus labios.

Re_tarareando esta coplilla reiterativa
y caminando hasta la orilla
donde las caracolas juegan con tus pies,

para susurrarte al oído,

DOlores, REcuerda MIs FAmélicos y SOLiviantados LAtidos SIlvándote a lo lejos...

jueves, octubre 8

FELICIDADES


La felicidad inminente.
Se anuncia con destellos previsibles,
mostrándose a nuestro alcance,
cotidiana, siempre a la vuelta de la esquina,
esperando nuestro paso para amarrarse
a los latidos del corazón
sin soltarse jamás.

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La felicidad despistada.
Algo descuidada y hasta un punto perezosa,
surge como si tal cosa por nuestras mejillas,
haciendo muecas,
tejiendo muescas de colores,
desapareciendo como ha llegado,
espontánea,
como una caja de sorpresas.

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La felicidad saltimbanqui.
Aparece con muelles en sus pies
bajando las empinadas calles
como un chiquillo de fiesta,
tocando cada puerta para anunciarse,
estruendosa, jaleando y pregonando
su presencia, cual vendedor ambulante.

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La felicidad de comer perdices...
en tu ombligo,
de saborear fresas en tus dedos
y de devorar dátiles de sueños
entre tus piernas,
dejando caer, descuidadamente,
mis lágrimas por tus manos.

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Desde un establo espacial, la paja de estrellas
gotea por el hueco que ha abierto una nube en el cielo.

Se expande, cual alfombra, por el mar de hielo
formando a mis pies.

Me abriga, me acaricia, me da el calor de los julios y los júbilos
y deja explotar en mis manos su munición de felicidad.

lunes, junio 22

En una esquina damos vueltas sobre nosotros mismos

sin darnos cuenta que a nuestras espaldas

hay todo un mundo de otros...mundos.
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Los alfileres grises de la mañana

se tornan por arte de magia

en hilos de colores

una vez superada

la barrera del mediodía.
Ante el virulento y creciente cauce del río,

me apresuro para apuntarme

a un cursillo de natación sincronizada.

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Un niño, ante la insistencia de su madre para que vaya a la cama, le espeta:

"Mamá, ¡qué no tengo sueño! ¡tengo fanatismo!"
Ahora mismo no me siento un-A fiel militante de la heterodoxia,

pero por encima de todo no soy un(A) claudicante ante la ortodoxia.

Tan sólo me dejo abrazar por el deseo compartido.

Gijón

En la plaza de la "soledad" de Gijón todavía no me he encontrado con nadie.

Tengo la sensación de que aquí se entra de uno en uno, siempre a la espera de que salga la última persona, tratando de no violentar su silencio.
De nuestras heridas germinadoras de luz,

surgen destellos de claridad,

ráfagas de calor vestidas de terciopelo.

Del amasijo delicioso de emociones

va tejiéndose un vestido de seda,

transparente, liviano,

que nos cubre y nos cobija

en el afán de nuestros deseos.

jueves, mayo 14

Hablo con el

recuerdo

que pasa cerca de mí.

No sé por qué, pero creo que se ha

perdido.


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En la rutina
ya no te esperaré.
Hasta mañana.

Silencio

Silencio.
Se abre el telón.
Nos invaden estruendos,
ensordecedores.
Desgarros,
aullidos, gemidos.
Llantos.
Se cierra el telón.
Silencio.

Surcos y cicatrices

A mi soledad

acompañada

la recorren

s
u
r
c
o
s

plagados de nombres

y de rostros que

cicatrizan

en tu recuerdo

jueves, marzo 19

Des-encuentros

Una radiante mañana de lunes,

deshice la cama, vomité el desayuno,

me desnudé por completo hasta quedar

sólo enfundado en mi piel.


Abrí las ventanas de par en par

y lancé al viento mi memoria;

olvidé hasta mi nombre.


Salí por la puerta sin echar la mirada atrás,

temiendo que cayera sobre mi

la maldición bíblica.


Huí,

pero no despavorido, sino sereno,

con la mirada fija en el horizonte.


Llegué al desierto y me despojé de mi

soledad.

Desaparezco...

de mi mismo.


Y allí,

desaparecido,

me vuelvo a encontrar.

Certezas y espejismos

Ayer te pensaré.

Mañana te añoré.

Lo siento,
tengo un pequeño
amasijo
de tiempos
y emociones.

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Entre nuestros
espejismos
y certezas
surge un fino hilo que nos


s e p a r a


y una suave tela
que nos


e n v u e l v e

miércoles, abril 16

Las horas de mayo

Mayo. La primavera se anuncia inminente con la caída de las impenitentes lluvias sobre los prados y los árboles reverdeciendo exultantes.

La mirada de Julieta se escapa a través de la ventana viajando hacia rincones del tiempo habitados por otros imborrables mayos. Afuera, tras aquellos cristales rotos, las gotas de lluvia acarician suavemente a una pareja que juega a quererse. Y como gotas de lluvia, caen en su memoria todos los instantes recolectados durante aquellas horas, rescatados para coleccionarlos en su álbum más preciado.

Sus manos agrietadas, sus huesudos dedos de anciana acarician pausadamente un plateado reloj de cadena, como si de esa forma quisiera conjurar contra la implacable gravedad horizontal, contra la irresistible atracción que padecen los cuerpos a avanzar. De su castigado y ajado corazón brotan corazonadas al evocar, con una lágrima deslizándose por su mejilla, con una sonrisa dibujándose en sus labios, esos murmullos del pasado.

Años. No sabría decir cuantos transcurrieron desde aquellas horas que guardaron todo el tiempo del mundo. Horas, minutos, segundos, soplos de vida cargados de eternidad, pero irremediablemente fugaces. Horas imprecisas, húmedas y cálidas. Unas horas por las que habría merecido la pena vivir una y mil veces.

“Esta noche te echaré de menos”; “Te quiero de tantas maneras...”

Las palabras rebotan en su cabeza como si fueran de ahora y su mente reconstruye, como momentos de ayer, todos los universos inventados con mucho de sentimiento y otro tanto de ternura. Los ha ido almacenando metódicamente por colores, por tamaños, por sabores y aromas, por optimismos y desazones. Manos tímidas, manos decididas vagando por su piel; labios que se encuentran alocadamente para fundirse en interminables besos; miradas que se buscan ansiosas tras cualquier esquina; silencios entrecortados por susurros en forma de verso y canto; distancias escritas con llanto.

La noche va cubriendo con su oscuro manto las ensoñaciones de antaño y la luna se hace cómplice de los deseos rememorados. Poco a poco, Julieta se deja caer en los tentadores brazos de Morfeo para así poderse re-crear en los sueños de mayo. A ella acuden historias de increíbles y fantásticos duendes que componen rimas con sus flautas, de brujas que crean sortilegios con los que conquistar corazones, de castillos de arena más sólidos que todas las pirámides de los antiguos, de huracanes vencidos por danzas de akelarres, de cortinas rojas convertidas en alfombras voladoras y de estrellas fugaces con las que viajar hacia mundos de nunca jamás.

Y entonces, cuando sus párpados comienzan a caer pesados como juicios, viejos y nuevos escalofríos le recorren su cuerpo de arriba a abajo, y el calor, ese calor de las horas de mayo le atraviesa de nuevo el alma.

viernes, marzo 14

La pesadilla de Julio

Oscuridad. Ahogo. Vacío. Julio siente fogonazos de calor sobre su cabeza, como si ésta fuera una olla a presión en la que se estuvieran cociendo miles de neuronas. Su mente está plagada de enormes agujeros negros que no le llevan a ninguna parte de su memoria. Tan sólo alcanza a recordar alguna imagen borrosa de Ángel en aquella cafetería de la estación y alguna frase de la conversación acerca de Amparo, su pareja.

Comprueba que tiene fuertemente sujetadas con cuerdas, por los tobillos y las muñecas, sus piernas y brazos. Sus extremidades están entumecidas y a duras penas puede mover levemente algunos dedos. Siente que le falta aire. Con dificultad alcanza a inhalar alguna bocanada perdida, algún resquicio de oxígeno que le llega hasta los pulmones. Su garganta está estropajosa y la sed recorre su reseca boca. Intenta exclamar alguna palabra. No puede. Tiene sus labios cerrados con un trozo de cinta de embalaje. Ahora que va recuperando la consciencia sobre cada parte de su cuerpo, experimenta un intenso escozor sobre el mentón y las mejillas.

En medio de aquella aterradora negritud, la exterior y la interior, comienza a explorar la situación. Está atado en posición fetal en un espacio algo mayor que un ataúd. Pero no es un ataúd. Es irregular, metálico y en él huele enormemente a gasoil. Se respira una atmósfera viciada y asfixiante. Su alma se resquebraja ¡No puede ser! “Estoy en el maletero de un coche”.

Sus ideas empiezan a fluir de una esquina a otra del habitáculo. No alcanza a imaginar qué diablos hace allí. “¿Qué ha pasado?” “¿Por qué estoy aquí?” Comienza a moverse inquieto. Y con él, también se mueve el vehículo en el que se encuentra, despacio, muy despacio. Tan sólo recorre unos escasos metros. De nuevo se para. Esta secuencia se repite incansablemente desde ese momento de claridad en la mente de Julio. Acelera, frena. Acelera, frena. Así ininterrumpidamente durante horas. En alguna ocasión el conductor de aquél féretro - aunque no lo sea, Julio comienza a experimentarlo como tal- apaga el motor y deja de escucharse ese ruido que taladra sus oídos. En ese momento es capaz de reconocer otro tipo de sonidos. Bocinas, más bocinas, algún que otro insulto y voces malhumoradas. Lloros de bebés angustiados, como si fueran a ser degollados. Alguna que otra sirena de ambulancias o, quizás, de policía ¡Policía!.

No sabe cuanto tiempo lleva ahí y, lo que es peor, no sabe cuanto tiempo permanecerá enclaustrado en ese infierno. Puede que algunos minutos, es posible que unas horas o incluso, varios días. Su corazón flaquea. Comienza a latir a sobresaltos, como si quisiera acompasarse al ritmo de aquella macabra caravana. Se imagina como el cadáver de una comitiva fúnebre.

Avanzan las horas. El coche permanece parado. El silencio se sobrepone en aquel desquiciante coro de estridencias. Sus párpados comienzan a caer, pesados, mientras se oyen a lo lejos algunos escandolosos grillos.

– Esto se nos está complicando. Tenemos que pensar en algo para salir de este atasco. No podemos tenerlo por más tiempo ahí metido.

– Sí, me parece muy bien, pero ¿qué podemos hacer?

“¡Imposible! ¡No me lo puede creer!”. Julio no da crédito a lo que está oyendo. Las voces de su mejor amigo y de su pareja retumban en sus tímpanos y hacen estallar su indignación. Las piezas de ese misterioso rompecabezas comienzan a encajar.

jueves, marzo 13

Hipérboles de amor

Mis ojos se desperezan cada amanecer con el tic-tac de tu corazón,
pero se d e s p e d a z a n cada anochecer si no han bailado al son de tus pálpitos.
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Este interrogante no deja de ser retórico, pero ¿cuando se fundirán nuestras pieles para comenzar a sentir nuestro calor?
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Cuando otras bocas, otras manos,
recorren tu cuerpo,
mis dedos, mis labios,
se preparan ansiosos
para perderse en tus rincones mas inospitos.
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No dejes de buscar en este laberinto y sigue las flechas de las casualidades..
A la salida te espero.
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La fugacidad a tu lado se torna en eternidad cargada de impaciencia.
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Viajar de norte a sur,
sin quedarnos en las apacibles colinas,
hasta naufragar en la tempestad de nuestros sueños.
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La felicidad no aguanta más y se apresura a impedir nuestros besos.
Acude en su auxilio su hermana renegada, la envidia.
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Cuando oirás el eco de estos suspiros,
cuando mirarás entre los vahos de estos cristales.

Binomios fantásticos

Historias de besos y revólveres

< El otro día me propusieron un juego extremo: una ruleta rusa con un revólver cargado de besos. Yo sólo sé que, en esta ocasión, no quiero ganar.

< El Gobierno, ante la grave crisis demográfica que vive el país, ha dictado el siguiente decreto: anular las licencias de revólveres y aumentar las permisos para lanzarse besos en público.

< Unos labios le dicen a un revólver: “Guapetón ¿por qué no me dejas que te coma a besos?

< Hoy he leído en la sección de sucesos del periódico una notica de lo más extraña: “Un revólver se pega un tiro al negarle su amada pistola un beso”.

< En el país de los revólveres y los besos, el amor y el odio no tienen excusas para huir.